Relato corto a lo Paulo Coelho

1.Coged vuestros rotuladores.

2. Dibujad un tapón sobre el papel.

3. Con una barra de pegamento, pegad polvo de piedra volcánica.

4. Recortad los bordes.

5. Soplad largo tiempo, hasta llenarlo con vuestros más grandes desgarros,

6. Introducid el nuevo tapón en cualquiera de los edificios disponibles, preferentemente en el culo.

7. Cagad hasta explotar, sobrevolar el cielo, y alejarse dibujando una preciosa estela de esta mierda de mundo.

Collar de ideas

Se que la mayoría es mentira. Es un modo de verlo.

Soy un calambre. Se me ha metido por la tibia.

“Pero no me escupas olas al hablar”

Me llega risa fresca, se me enredan los pies.

He soltado un par de botones, se me asoman los petardos.

“Todo tiene sentido, mira la otra parte de mi manzana”

Peso menos, será la dieta a marisco.

Los pies…¿para qué? Si somos sirenas a medias.

“Espérame, que aún corro delante tuyo, policía”

Para que cortarte más, sácame del pecho.

¿Oíste? Se sintió a más de 24 centímetros a la redonda.

“Uy, tú y tu manera de andar por la avenida de las cosquillas”

Menos mal, un cardo entre la miel.

Estamos cerrando, reviente otro cristal, perdone las molestias.

“Pero que frío del que se te vuelve capa de piel, ¿verdad?”

Yo es que soy más de vender cebollas.

Sin duda, es un cuadro con el marco de macarrones.

“El ayer, preciosa película. Los subtítulos en armenio, eso sí”

Suprimir. Suprimir. Suprimir. Error 404

Supongo que eso fue un orgasmo.

“El arcoiris esta temporada llevará coleta larga, según los diseñadores”

De repente, comienzo a resbalar. Sin ficción.

Voy a dibujar una casa en el campo, ya verás tu que bien

“Que arda el telón, joder”

 

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Imagen de Toomas kuusing

Entrada entrecortada

“A veces, cuando parpadeas, cuando desaceleras y te detienes en la acera del reloj, todo se para, todo cobra sentido, y el dolor que aguardaba entre los dientes, se deshace. Es como si después de aquel diluvio, las gotas se detuvieran y empezara finalmente a llover hacia arriba (…)”. Esa podría haber sido el inicio de un post melancólico, si yo fuera Paulo Coelho, y este no fuera un lugar donde vengo a susurrar y a vomitar por partes iguales. “(…) era como si los rascacielos se detuvieran a medio camino y comenzaran a descender, ligeramente, hasta llegar a ras de suelo, y seguir bajando para investigar las profundidades de un mundo que aún no conocía (…)”. Eso exactamente diría si el día de hoy hubiera probado ciertas setas de esas de las especiales, que te recomienda el amigo de las malas ideas, ese con el que si sabes que vas a salir el finde próximo, para el viernes vas preparando el testamento. “(…) y sentir como tras una bocanada de aire, la ciudad vuelve a ser el más maravilloso manicomio que jamás halla existido”.

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Travesía

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La perfecta redondez del cristal azabache reflejaba un extraño cuadro, en el que aquél galán enamorado se derretía por ella. Por ella y por los casi cincuenta grados que marcaba el inexistente termómetro del desierto del Nairobi (coordenadas 57º 43′ 36′, una hora menos en Canarias).

Evidentemente, el galán Cornell no tuvo demasiado tiempo para distracciones pre-coitales, al hallarse en plena huida de:

5 escorpiones color canela

4 dromedarios con lengua pendulante

3 damas rollizas, en su búsqueda desesperadas

2 moscas tse-tse ligeramente obnubiladas y

1 escarabajo pelotero, que harto de recoger mierdas, se les unió a la excursión.

Total, que la señorita Grerbo ahí, muerta de la risa con aquella situación tan daliniana. No duró mucho, pero solo por aquello mereció la pena cruzar el maldito desierto con dos guías que poco o nada sabían de moda, y aguantar ocho días seguidos sin ducharse y apestando a mono salvaje (el Rexona da para lo que da…)

Llegada a este punto, con un calor en la zona genital como para hacer café express, y con un miedo terrible a que todo fuera un sueño de Resines, se dejó caer sobre el lago de un oasis o sobre el oasis de un lago, sin acertar a caer de pleno en ninguno de los dos.

 

Reflexión en lo alto de la barriga

Hay muchas variantes a la hora de abrazarse, se puede uno despellejar la voz y adelantar a los sentimientos por la derecha, sin marcarlo poniendo el intermitente en verde. Eso puede causar destrozos en el mobiliario urbano, o como poco, en el mobiliario interior: tazas, macetas, cortinas y velas. También puedes intentar abrazar a la farola, con peligro de no quedar deslumbrado por su atrayente luz morada, y tratar de chocar con su cristal una y otra vez, hasta llegar al corazón del asunto. Luego también esta la preciosa mirada estrábica, que atrae porque consigue verle el flequillo a la espera repetitiva, en su afán de colgarnos medallas de acero inoxidable que pesan más de lo estipulado. Te sumerge en su tranquilo caminar por cuevas inhóspitas donde las esquinas brillan a deshora, y la humedad se resbala por los codos. Un aferrar de minutos y horas, sin encadenarlas, sin presionarlas, sin sentirlas, que se acaban enraizando en las pestañas. Viviendo a contracronómetro para poder quemar los cuentos y crear las historias, donde las cosas no se buscan, si no que suceden y toman su propia forma (puede adoptar la forma del olor de la leña ardiendo o el del color que baña la línea entre el amanecer y la noche). Todas estas opciones parecen envueltas en papel de celofán cuando no les roza el sol por los cuatro costados, tienen su propia forma de prender. Todas estas ideas redondas, casi siempre pasan por el lago a media tarde, a mojarse los pies, por lo que hay que atraparlas con tiento, sin prisa, para hacerlas al fin desaparecer.

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Desasirse

El lado inverso de la vida es esto ¿no? Buscar el significado a los reflejos de luz en el río, tallar en la piedra el rostro que nunca viste o modelar en cera la mano que nunca más pudiste rozar. Es buscarle la cuarta pata al perro que no nació, y al fín y al cabo, seguir soñando. No tiene sentido o quizás si lo tenga. Puede que la vida tenga sentido pero no esa cuarta pata, o pude que otras veces la pata camine hasta el sinsentido.

 

Creo que me siguen (en la realidad y en esta ficción). Me siguen en parte mientras leen las letras dibujadas, y desdibujan en sus mentes extrañas figuras que intentan reflejar una realidad en sus mentes. Una realidad que es la ficción de sus propias sombras intentando soñar que es la realidad de las mías. Por lo que el salto es gigantesco, no se que hacen parando sus pupilas a escasos centímetros de esta suma de trazos mal dibujados del que no llegarán si quiera a extraer una realidad. No hacemos buscar más que esos destellos. Nos disparamos hacia el oculto ámbito de lo desconocido y pretenden extraer una brizna de misterio en este jardín donde la mancha es la flor, y el color se hunde en la madrugada.

 

Descansen, no busquen más. Lo único que existe de verdad lo tenemos delante, aunque quizás ni siquiera exista. Le estamos poniendo ruedas a un molino y lo pretendemos hacer arrancar, o quizás lo queramos arrancar de la tierra, quien sabe, porque aquí las obras de teatro las dibujan ustedes. Disfruten de su obra. 

 

ImageFoto de Robert Doisneau

 

Estamos en obras

Forastero sin sombrero de copa, eso es lo que soy más o menos. Acabo de aterrizar y tengo el cuerpo hecho un asco del viaje, así que de primeras no me exijan gran cosa. No se si a este bar se viene a charlar de la catastrófica lesión de tu futbolista favorito, o se viene a tratar de parecer un bohemio trasnochado, pero bueno, voy a ir descorchando palabras, a ver si va todo bien. A mi mientras no me vomiten los borrachos en la alfombrilla, todo O.K. No creo que interese aquí quien sea yo ni que escriba ni nada de eso, solo soy uno más intentando dejar rastro (esperemos que no sea de chapapote). Procederé a darle al publish post, rogándole a Dios que los post siguientes superen ampliamente este primer y accidentado acercamiento a mi blog.

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